lunes, 8 de julio de 2013

Capítulo 19: Feliz lunes

Cogí el avión para volver a Bradford el domingo a las siete. Me tocó ir al lado de una adorable señora que fue todo el rato roncando. Yo fui leyendo, no sé si mencioné que me encanta leer. El viaje duró poco, y cuando al fin llegamos, pasó mi madre a recogerme en coche.

-¿Qué tal en Londres?- me preguntó al verme.

-Muy bien- contesté sonriente.

-¿Al final cantaste tú o cantó Niall?

-Niall, llegó justo a tiempo- respondí.

-Me alegro de que lo hayáis pasado bien- dijo mi madre, y dicho esto, arrancó.

Llegamos a mi casa en seguida, ya que Bradford es pequeño. En mi casa estaban los tres hombres de la casa viendo el partido del Barcelona.

-¿Quién va ganando?- pregunté sentándome a su lado.

-El Barça- contestó Pablo.

-¡Tres a cero!- gritó Jorge.

-Vale, vale, ya me enteré- dije poniéndome la mano en el oído, al igual que Pablo y mi padre, ya que el grito de Jorge había sido muy fuerte.-. Y Jorge, no hace falta que grites así.

Mis hermanos y mi padre estaban centrados en el partido, así que decidí ir a ducharme. Cuando terminé, me puse el pijama y volví al salón. El partido ya había acabado, así que le tocaba a Jorge ir a la ducha. Mimadre preparó la cena mientras tanto. Cuando Jorge bajó fuimos todos a cenar.

-¿Qué tal en Londres, Marta?- preguntó mi padre.

-Muy bien, lo pasé genial- contesté.

-Me alegro mucho- dijo mi padre-. ¿Sabes? Tus hermanos vieron la actuación de los chicos.

-¿Sí?- dije sorprendida. De Jorge me lo esperara, pero de Pablo no.

-Sí, queríamos verte hacer el ridículo- me dijo Pablo, centrado en sus huevos fritos.

-¡Pablo!- exclamó mi madre-. Oye hija, apuesto que si hubieras salido a actuar lo habrías hecho genial.

-Gracias mamá, pero no, me habría puesto muy nerviosa- dije.

-Yo quiero que Marta cante- pidió Jorge.

-¡No!- exclamé-. Es decir... NO.

-¿Por qué?- preguntó Jorge.

-Porque no- contesté, dando por zanjada la cosa.

-Tranquilo, Jorge- le dijo mi madre a Jorge-, tengo el presentimiento de que tendrá que volver a cantar pronto.

-Gracias mamá- dije irónicamente.

Seguimos cenando, y yo me fui a dormir temprano, ya que estaba cansada de tanto viaje.


Al día siguiente era lunes, el peor día de la semana. Odio los lunes (como todo el mundo). Yo guardaba mis libros en la taquilla, pensando en todo lo que me había pasado las dos últimas semanas: había sido el baile de Halloween, y yo había ido con mi amor platónico, que ahora odio con locura, Niall había enfermado, había tenido que ensayar con los otros cuatro chicos, Niall regresó a tiempo y cantó él, las películas del sábado noche y la escenita que montamos el domingo por la mañana. A esa hora tenía Música, serviría para despejarme un poco. El timbre sonó y me dirigí al aula de música.


Llegó la hora del recreo, y fui a la cafetería, a la máquina, a por algo que tomar. Tenía hambre, normal, llevaba toda la mañana pensando en todo lo que había pasado, y pensar en Niall da hambre. Había cola, así que me puse en ella. Tardó lo suyo, pero pude coger el snack que quería. Fui tomándolo por los pasillos, dirigiéndome al patio. Mientras caminaba por el pasillo en dirección al patio, Samantha Doyle me  paró:

-Espera- me dijo.

Yo paré y la miré.

-¿Tú eres la amiga de Zayn Malik?- me preguntó.

-Sí, soy yo- contesté sorprendida.

-Es que dudaba- me dijo-. ¡Soy una gran fan de él y su banda!

-¿Sí? Le alegrará saberlo- respondí sonriente.

-¡Quiero conocerlos!- exclamó-. Siempre los voto y veo todos sus vídeo diarios. ¡Me encanta cuando Zayn dice: Vas Happenin?'!

-Pues ya verás que contentos se ponen cuando les cuente que hay una chica en el instituto súper fan de ellos- le dije.

-¿Es que hablas con ellos?- preguntó sorprendida.

-Claro, Zayn sigue siendo mi mejor amigo- respondí.

-¡Guau! ¡Quiero ser tú!- exclamó-. ¿Me consigues un autógrafo?

-¡Claro!- respondí sonriente.

-Muchas gracias, dedicado a Samantha y con cariño- me recordó-. Voy a llorar de emoción.

-Tranquila, si quieres consigo que te sigan en Twitter y que te pongan algo- le dije.

-¿En serio lo harías?- preguntó alegre-. ¡Eres genial!

-No es nada- respondí.

-¿Y estuviste cuando la banda se creó?- preguntó.

-Sí, de hecho estuve este fin de semana con ellos- contesté-.

-¡Pero qué envidia!- exclamó-. ¡Ojalá yo fuera tú! Ah, ¿y cómo es Niall en persona: creído o dulce?

-Dulce y tragón- contesté riendo.

-¿Y Harry?- preguntó.

-Creído, y mucho- respondí, acordándome de Harry viendo la película de terror el sábado como si estuviera viendo una comedia.

-¿Y Louis? ¿Hace tantas bromas como en los vídeo diarios?

-Síi, muchísimas, tienes que ver cómo es con Kevin?

-¿La paloma? Sí, es cierto- cayó en la cuenta-. ¿Y Liam?

-Liam es tranquilo, dulce, buen amigo...- expliqué.

-¿Y Zayn? ¿Es tan presumido como aparenta?

-Más de lo que aparenta- contesté.

Samantha rió, y me dijo:

-Me encantaría seguir hablando contigo de los chicos, pero me tengo que ir, que Amanda me llama. Adióoos.

-Adiós.

Samantha fue hacia su amiga y ambas se marcharon. Me quedé bastante sorprendida, ya que Samantha siempre había sido borde, y Amanda también. Desconocía ese factor de ellas. No le di importancia, y seguí caminando hacia el patio. Allí me senté en un banco y miré el patio. Había un montón de gente, y empecé a comerme mi chocolatina. Estaba yo tan tranquila comiendo mi snack, cuando de repente vino Marc a hablar conmigo.

-Hola- me saludó-. La semana pasada no viniste. Quería decirte algo.

Yo lo miré desinteresada y le di un mordisco a mi chocolatina, esperando a escuchar la historia que me iba a contar.

-El viernes, el día del baile- comenzó a explicar-, te estuve buscando para llevarte a casa y no te encontré, ¿dónde estabas?

-¿Para llevarme a casa? ¿Y antes?- pregunté, haciéndome la tonta.

-¿Antes...? Antes...- tartamudeó-. Antes te estuve... Buscando todo el baile.

-Tardaste mucho en encontrarme, ¿no te parece?- pregunté.

-Sí... Es que...- carraspeó-. Es que como... Ya sabes... El pabellón es tan grande...

-Ya, ¿pero no te ayudó Liz a buscarme?- pregunté, seguía haciéndome la indiferente.

-¿Liz? Noo, ¿qué te hace pensar eso?- preguntó, nervioso.

-No lo sé, es que el baño no es solo para ti- le dije.

-¿Cómo que...? ¿Qué quieres decir?- preguntó preocupado.

Me levanté y nos quedamos cara a cara.

-Te escuché hablar con tu amigo- le dije-. A ver si aprendes a valorar más los sentimientos del resto de la gente, y si prefieres ir con Liz, me lo dices, prefiero eso a que me hagas lo que me hiciste- y dicho esto le estampé lo que quedaba de chocolatina en la frente.

Me di media vuelta, dejándole con una gran mancha de chocolate en la frente, y con la boca abierta por lo que acababa de pasar. Marc se tapó la frente con una mano y fue corriendo al baño. Yo fui en dirección a mi taquilla, cogí mis libros para la siguiente asignatura y la cerré de un portazo. Caminé por los pasillos, y entonces Robbie Anthony se puso delante de mí:

-Eeey, nena, ¿y esa cara?- me preguntó, en su actitud ligona.

-Hola Robbie- saludé sin mucho ánimo.

-¿Qué te pasa?- dijo en su misma actitud.

-Nada- contesté.

-No te creo- dijo poniéndose delante de mí, para que le hiciera caso.

Suspiré, y le dije:

-Pues que los chicos son gilipollas, eso me pasa.

-Todos no, yo no- me dijo.

-Tienes razón, corrijo, Marc Douson es gilipollas.

-Siempre ese- comentó-. Es un putón, no te preocupes por él.

-Ya.

Sonó el timbre que indicaba el final del recreo.

-Bueno, adiós- me despedí-. Si eso, te veo luego.

-Adiós- se depidió-, y estate bien.

-Gracias.

Me fui a mi clase y me senté en el primer pupitre libre que encontré. El profesor llegó enseguida, y la clase comenzó. Yo estaba distraída, pensando en sabe Dios lo qué.

La mañana transcurrió lenta, y cuando al fin tocó el timbre que indicaba el final del día, recogí rápidamente y me dirigí a la parada del autobús. Allí estaba Liz con su grupo de amigas, riéndose no se sabe de qué. Me senté en la parada, y saqué mi teléfono. En el WhatsApp había un mensaje de Lottie, que decía lo siguiente:

Lottie: Ey chicos, voy a ir de intercambio a Londres lo que queda de curso, voy el viernes, venís a recogerme?

Así que Lottie iba a ir a Londres con los chicos. Que suerte. "Ojalá yo pudiera salir de aquí, sin Zayn, me aburro un montón", pensé.

El autobús llegó y yo me metí dentro. Llegué a casa en diez minutos, y allí ya estaba toda mi familia, excepto mi padre. Empezamos a comer, y yo volví a sumirme en mis pensamientos.

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