lunes, 8 de julio de 2013

Capítulo 20: Misterio resuelto

El viernes llegó, y yo me disponía a ver un rato The X Factor. Empezaron a echar un resumen de las actuaciones de la semana pasada. Los chicos salieron por la mitad. Había sido una de sus mejores actuaciones la de la semana pasada. Estaba yo tan tranquilamente viendo la tele mientras me zampaba una bolsa de palomitas extragrande, cuando Lottie me llamó.

-¿Diga?

-¿Marta? ¡Soy Lottie!- exclamó Lottie al otro lado del teléfono.

-Hola Lottie- saludé, bajando el volumen de la tele-, ¿estás ya en Londres?

-¡Sí!- contestó-. Estoy esperando a que Louis y Zayn pasen a recogerme. ¿Y tú que haces?

-Yo estoy viendo The X Factor en la tele- contesté.

-Que guay, bueno, me voy, que ahí están Louis y Zayn- se despidió Lottie-. Adiós.

-Adióoos- me despedí.

Colgué y seguí viendo la televisión un rato. Cuando me aburrí, apagué la televisión y salí al jardín, donde estaban mis hermanos jugando al fútbol. Me senté a la sombra de un árbol y miré como jugaban. Jorge se lo pasaba en grande, pero Pablo estaba todo el rato pendiente de la hora. A las seis, me dijo:

-Oye Marta, quédate tú jugando con Jorge, que yo he quedado en media hora con una chica.

-Oh, me sorprende que vayas a salir con una chica- bromeé-. ¿Cuánto dinero le diste?

-Ja, ja, muy graciosa- ironizó Pablo-. Tú quédate aquí con Jorge.

-Vaaale- respondí-. Que tengas suerte, la vas a necesitar.

-Calla- me mandó-. Aunque te necesito cinco minutos.

-Aún no te has ido y ya me necesitas. A ver, ¿qué pasa?

-¿Qué me pongo?- preguntó.

Suspiré y subí a su habitación. Le pregunté a dónde iban a ir y le escogí ropa adecuada. Luego, bajé al jardín y empecé a jugar con Jorge. Cuando yo ya estaba cansada, Jorge accedió a ir a jugar un poco a la PlayStation. Yo subí a mi habitación y entré al Facebook. Comencé a mirar fotos, mientras miles de cosas se me pasaban por la cabeza. Me aburría de tal forma, que al final acabé bajando al salón. Desde que Zayn estaba en Londres yo me aburría a mares. En el salón estaba Jorge.

-Marta, ¿me llevas al cine?- me pidió.

-Claro, no tengo nada mejor que hacer- respondí.

-¡Bien!- exclamó abrazándome.

-Venga, ve a calzarte y nos vamos- le dije-. ¡Mamá! ¡Voy a llevar a Jorge al cine!- grité.

-¡Vale!- respondió ésta desde su habitación-. ¡Pasadlo bien!

Jorge bajó corriendo y nos marchamos. Por la calle me iba contando que película quería ver. Cogimos al autobús camino al centro comercial, donde estaba el cine. Al final lo llevé a ver Gru Mi Villano Favorito. Cogimos las entradas, y compré unas palomitas. Pasamos a la sala, y nos pusimos las gafas 3D.

La película comenzó, y Jorge y yo comenzamos a comernos las palomitas. La película duró dos horas, y al final yo estaba llorando de emoción. Salimos del cine, y yo me iba secando las lágrimas (no es normal, lo sé, pero lloré de verdad). Una señora hasta me miró raro, porque se supone que era una comedia. Jorge y yo tiramos el bote de palomitas en una papelera cercana. Guardé las gafas 3D en mi bolso y cogí a Jorge de la mano. Dimos una vuelta por el centro comercial, en busca de alguna tienda interesante para mí, y entonces, de nuevo, me pareció verle. Al hombre que aquel día había hecho enfermar a Niall.

-¡Jorge!- susurré para llamar la atención de mi hermano-. Dame la mano, y sígueme, pero en silencio.

-¿Qué pasa?- preguntó preocupado.

-Luego te explico, ahora sígueme- mandé.

Jorge obedeció, y me siguió de la mano. Vimos bien al hombre, y sí era. Estaba en una tienda de ropa comprando un vestido. "¿Para qué querrá un hombre un vestido?", me pregunté. El hombre pagó y se marchó. Se dirigió a las escaleras mecánicas que bajaban a la primera planta. Jorge y yo lo seguimos a distancia. Fue a sentarse a un banco, y sacó su teléfono. Marcó un número y comenzó a hablar. Nosotros fuimos hacia allí y nos paramos en el escaparate que había junto al banco, yo intentando tapar mi cara.

-... Sí, cielo, ya tengo tu vestido- decía-. Serás la mejor en el concurso y lo ganarás. ¿Qué? Hija, respecto a eso, hice lo que pude, el chico es fuerte.

¿Quién era fuerte? ¿Y de qué concurso hablaba? Seguimos escuchando.

-¡No llames inútil a tu padre! ¿Sabes lo que me ha costado que no me descubran? ¡Hago lo posible por ayudarte! ¿Cómo que no es suficiente? ¡Pues lo harás tú sola, si tan fácil es! Bueno, te ayudaré, pero respeta más mi trabajo.

"¿Qué trabajo", pensé, "si se dedica a envenenar gente, vaya trabajo". Decidí sacar el teléfono, y llamar a alguno de mis amigos. Llamé a Louis, que seguramente era el que mejor consejo me podía dar, pero no cogía. "Mierda", pensé. Llamé a Liam, que era muy maduro, pero tampoco cogía. Probé suerte con Zayn, pero tampoco. A continuación, llamé a Niall, nada. Por último, llamé a Harry, y nada. Ninguno cogía. Tendría que solucionar aquello sola.

El hombre ya había colgado, y se levantó para dirigirse al parking. Lo seguí junto a mi hermano, y lo vimos ir hacia un gran Ferrari rojo. Iba a entrar, cuando grité:

-¡Quieto!

Jorge y yo nos acercamos corriendo. Jorge estaba muy asustado, y se escondió detrás de mí.

-Usted fue el que envenenó a mi amigo- le acusé.

-¿Yo? Te confundes- dijo haciéndose el distraído, metiéndose a correr en el coche.

-¡Eh! ¡Espere!- grité, pero él ya se había manchado.

-Joder, le hemos perdido, ¡y aún por encima los chicos no cogen!- grité.

-Marta, ¿quién era ese?- preguntó Jorge asustado.

-Te lo cuento en casa, ahora vamos un momento a un sitio- dije.

-Tengo miedo- dijo Jorge.

-Tranquilo- dije cogiéndole en el colo.

Nos dirigimos al interior del centro comercial, y luego a donde los de seguridad del centro comercial trabajaban. No había nadie, puesto que se había cometido un robo en una joyería de la tercera planta. No podía esperar, así que entramos en la sala donde estaban las pantallas conectadas a las cámaras de seguridad. Busqué la del aparcamiento, y di a rebobinar hasta el momento en el que aparecíamos aquel hombre, su coche, y mi hermano y yo. Cogí un papel y un bolígrafo y apunté la matrícula del coche. Guardé el papel en el bolsillo, devolví el bolígrafo, y puse el vídeo de la cámara tal y como estaba. Cogí a Jorge de la mano y nos marchamos.

-¿Dónde vamos?- preguntó Jorge.

-Tú a casa- respondí-. Yo a la policía.

Así lo hice. Dejé a Jorge en casa, y le expliqué a mi madre lo sucedido. Ella escuchaba con la boca abierta.

-Pues Jorge se quedará con papá, yo voy contigo- dijo cuando hube finalizado.

-Vale- dije, acompañando a Jorge al interior de la casa.

Subimos al coche, y mi madre preguntó:

-¿Avisaste a los chicos?

-Lo intenté- contesté-, pero ninguno coge.

-Estarán ensayando- opinó mi madre-. De todos modos, verán tus llamadas cuando terminen.

Nos dirigimos a la comisaría de policía. Bajamos del coche corriendo y entramos. Allí había dos policías comiendo donuts. Uno de ellos era uno de los que nos habían preguntado en el hospital cuando ingresaron a Niall. Mi madre y yo fuimos hacia ellos.

-Buenas tardes- saludaron-, ¿qué les trae por aquí?

-Verá- comenzó mi madre-. Venimos a traer información importante para un caso que uno de ustedes había estado tratando con mi hija y sus amigos.

El policía que nos había preguntado en el hospital me miró, y cayó en la cuenta:

-¿Tú eres la amiga del chaval que le había dado un hombre misterioso una comida ilegal?

-Así es- respondió mi madre-. Y tiene información que puede interesarles.

-A ver, comienza- mandó el policía.

Le relaté todo lo que había pasado desde que Jorge y yo vimos a aquel hombre en el centro comercial. Ambos policías escuchaban atentos, y asentían a medida que yo hablaba. Al terminar, me pidieron la matrícula del coche, ya que así descubrirían la identidad de ese hombre. El policía que no había estado en el hospital introdujo la matrícula en su ordenador, y al momento, apareció una foto de aquel individuo, la matrícula de su coche, y su nombre.

-Edward Cameron Smith- leyó el agente-. Otra vez.

-¿Cómo que otra vez?- preguntó mi madre sorprendida.

-Está en libertad condicional por anteriores crímenes- respondió el agente-. Y ya vemos a lo que se dedica.

-Cometió un crimen parecido al que ha hecho con tu amigo- explicó el otro policía-. Ya nos vamos a encargar ahora mismo de él, y luego, lo llevaremos a Londres a un juicio, y tendréis que venir a declarar.

-Vale- dijo mi madre-. Marta, ¿por qué no intentas llamar ahora a Niall y le cuentas?

-Vale.

Me fui a un lado y busqué el número de Niall en mi agenda de contactos. Pulsé sobre él, y llamé. Esta vez hubo suerte, y Niall contestó:

-¡Hola Marta!

-Niall, tengo algo muy importante que decirte- le informé.

-Te escucho- dijo, cambiando su tono, al ver que el mío no era precisamente amistoso.

-Pillaron al hombre que te dio aquella comida- conté-. Lo encontré en el centro comercial donde fuimos a comer ese día, y ahora la policía ya va a por él. En cuanto lo pillen, tendremos que ir a un juicio en Londres. Todos.

-No jodas, ¡que bien que lo hayan pillado!- exclamó.

-Ya, y ahora a ver por qué narices te ha dado esa comida- dije.

-Muchas gracias Marta, por haberlo visto y avisado a la policía- agradeció Niall-. En serio. ¿Por eso nos llamaste a todos antes?

-Os llamé porque lo tenía al lado hablando por teléfono, y no sabía qué hacer- dije-. ¿Qué hacíais?

-Pues Louis y Zayn recoger a Lottie, y Liam, Harry y yo ensayábamos un poco- explicó.

-Es que ya me daba algo- respondí riendo-. Bueno, te llamo cuando haya alguna novedad.

-Vale, hasta entonces, chaaaaao- se despidió.

-Adiós- dije sonriendo, y colgué.

Volví junto a mi madre, que estaba con uno de los policías.

-Haz la maleta- me mandó-. Nos vamos a Londres.

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